Estados Unidos superó este sábado los 12 millones casos confirmados del coronavirus SARS-CoV-2, seis días después de llegar a 11 millones de infecciones. En total, el país registró 12.019.960 contagios, y alcanzó los 255.414 fallecidos por la enfermedad del COVID-19, de acuerdo con el recuento independiente de la Universidad Johns Hopkins.

Este balance refleja que la pandemia se encuentra en fase “exponencial” en el país, según las autoridades sanitarias.

Estados Unidos marcó el jueves un récord absoluto de nuevos contagios, con 200.146 casos más que el miércoles y también la cifra más alta de muertes en 24 horas -2.239- desde inicios de mayo, en plena explosión de la pandemia.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) aconsejaron el jueves a los estadounidenses que suspendan sus viajes por el Día de Acción de Gracias -la mayor reunión familiar del año y en la que se suelen batir récords de circulación en aeropuertos y carreteras-, que se celebra el próximo jueves.

Y en todo el país, los responsables locales tuvieron que imponer nuevas restricciones para tratar de frenar la propagación del virus.

Pese a que Nueva York ya no es el estado con un mayor número de contagios, sí sigue como el más golpeado en cuanto a muertos en Estados Unidos con 34.252.

Le siguen en número de fallecidos Texas (20.748), California (18.595), Florida (17.889) y Nueva Jersey (16.712). Otros estados con un gran número de muertos son Illinois (11.795), Massachusetts (10.469), Pensilvania (9.676), Georgia (9.142) o Michigan (8.774).

En cuanto a contagios, Texas suma 1.114.545, le sigue California con 1.084.348, tercero es Florida con 923.418, Illinois es cuarto con 634.395 y Nueva York quinto con 584.850.

Pero son más de 40 estados, Washington D.C., Puerto Rico, las Islas Vírgenes y Guam que mostraron incrementos porcentuales en los nuevos casos diarios detectados durante los últimos 14 días. De ellos, una docena están viviendo un repunte de los contagios.

Mientras, las autoridades locales continúan implantando nuevas restricciones, como el gobernador de Wisconsin, Tony Evers, quien acaba de imponer el uso obligatorio de mascarilla en espacios públicos. Varios estados han instaurado igualmente la mascarilla obligatoria y han emplazado a sus habitantes a no viajar en Acción de Gracias.

El balance provisional de fallecidos – 254.297- supera con creces la cota más baja de las estimaciones iniciales de la Casa Blanca, que proyectó en el mejor de los casos entre 100.000 y 240.000 muertes a causa de la pandemia.

El presidente estadounidense, Donald Trump, rebajó esas estimaciones y se mostró confiado en que la cifra final estaría más bien entre los 50.000 y 60.000 fallecidos, aunque luego auguró hasta 110.000 muertos, un número que también se ha superado.

Por su parte, el Instituto de Métricas y Evaluaciones de Salud (IHME) de la Universidad de Washington, en cuyos modelos de predicción de la evolución de la pandemia se fija a menudo la Casa Blanca, calcula que para final de año Estados Unidos llegará a los 320.000 fallecidos y para el 1 de marzo a los 440.000.

40 millones de dosis para fin de año

Estados Unidos espera contar con 40 millones de dosis de vacuna contra el COVID-19 antes de fin de año, dijo el viernes la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, durante una conferencia de prensa.

“Respecto a la vacuna, creemos que habrá 40 millones de dosis disponibles hacia finales de año”, dijo McEnany en una rueda de prensa, la primera que da desde el pasado 1 de octubre.

McEnany recordó los avances experimentados por Pfizer y Moderna, que han informado de “resultados exitosos” en sus vacunas: “Cada una ha logrado una vacuna para la covid que es en torno al 90% efectiva. Sabemos que la de Moderna es un 94,5% efectiva y la de Pfizer 95%, esto es extraordinario”, dijo.

Durante la rueda de prensa, McEnany insistió en atribuir el progreso en las vacunas a la gestión del presidente saliente, Donald Trump, pese a que al comienzo de la pandemia minusvaloró intencionadamente la importancia de la enfermedad, lo que él mismo ha reconocido, para que no cundiera el pánico entre la población, y se negó a usar mascarilla en público durante varios meses.

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