El gobierno iraquí desplegó este domingo tropas en Bagdad tras un intento fallido de asesinato con drones armados contra la residencia del primer ministro, un ataque que exacerbó marcadamente las tensiones desencadenas por el rechazo de las milicias proiraníes al resultado de las elecciones parlamentarias del mes pasado.

Siete de los guardias de seguridad del primer ministro, Mustafa al-Kadhimi, resultaron heridos en el ataque con al menos dos drones armados en la fortificada Zona Verde de Bagdad, según dos funcionarios iraquíes. Hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a hacer declaraciones oficiales.

Al-Kadhimi salió ileso. Más tarde apareció en la televisora iraquí, sentado tras un escritorio con una camisa blanca, con actitud tranquila y centrada. Su mano izquierda parecía vendada. Un asesor confirmó que había sufrido un pequeño corte.

“Los ataques con drones y cohetes cobardes no construyen patrias y no construyen un futuro”, dijo Al-Kadhimi. Más tarde el domingo recibió al presidente de Irak, Barham Salih, y dirigió una reunión de seguridad del gobierno.

Horas más tarde, Al-Kadhimi se reunió con el presidente Barham Salih y encabezó una reunión de su gabinete y de su equipo de seguridad.

Los residentes de Bagdad oyeron una explosión e intensos disparos desde la Zona Verde, donde hay oficinas del gobierno y embajadas extranjeras. Imágenes publicadas por las autoridades mostraban los daños en la residencia de Al-Kadhimi, incluidas ventanas reventadas y puertas arrancadas de sus goznes.

Nadie reivindicó el ataque, aunque las sospechas cayeron de inmediato sobre milicias proiraníes que han atacado públicamente al mandatario y hecho amenazas. Las fuerzas de seguridad mantienen un pulso con las milicias chiíes, cuyos seguidores llevan casi un mes acampados ante la Zona Verde en rechazo a los resultados de las elecciones parlamentarias, en las que perdieron unos dos tercios de sus escaños.

“El intento de asesinato es una escalada drástica, cruza una línea sin precedentes que podría tener consecuencias violentas”, escribió en Twitter Ranj Alaaldin, analista no residente de la Brookings Institution.

Las protestas tuvieron un vuelco mortal el viernes cuando los inconformes marcharon hacia la Zona Verde. Hubo un intercambio de fuego en el que un manifestante perdió la vida.

Docenas de elementos de las fuerzas de seguridad resultaron heridos. Al-Khadimi, de 54 años, ordenó una investigación para determinar que causó los enfrentamientos y quién violó la orden de no abrir fuego.

El domingo, varios líderes de facciones desestimaron el intento de asesinato, sugiriendo que fue un montaje premeditado por las autoridades.

Qais al-Khazali, líder de la milicia o Asaib Ahl al-Haq, sugirió que las milicias estaban siendo incriminadas y pidió una investigación.

El grupo armado libanés Hezbollah preguntó si no se trataba de un intento de al-Kadhimi por “desempeñar el papel de víctima”.

El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Saeed Khatibzadeh, condenó lo ocurrido e indirectamente culpó a Estados Unidos.

Estados Unidos denunció el ataque: “Este aparente acto de terrorismo, que condenamos enérgicamente, fue dirigido al corazón del estado iraquí”, dijo el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price.